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Imperecederas proezas para la causa
de la reunificación nacional



En ocasión del Día del Sol, el pueblo coreano rememora con infinita emoción las inmortales hazañas registradas por el Presidente Kim Il Sung en su total entrega a la reintegración del país.
Esta fue su causa de toda la vida y vehemente aspiración.
Estaba firmemente convencido de que la homogénea nación coreana que durante cinco milenios ha venido creando brillantes cultura e historia conviviendo en un mismo territorio, jamás debe estar dividida en dos sino reintegrarse en una sola.
Sus imperecederas proezas en aras de esta causa consisten en haber mantenido invariablemente la línea de una sola Corea, la de la reintegración, y sido consecuente en esta empresa.
Tal problema, ocasionado por la ocupación norteamericana del Sur de Corea que le siguió a la liberación del país, exige esencialmente poner fin a la dominación militar y la injerencia de EE.UU. en dicha región coreana, establecer la soberanía nacional a lo largo y ancho del país, darle continuidad a la estirpe de la nación y lograr su unidad como tal.
Teniendo en cuenta la compleja situación política de la Corea dividida, la esencia del asunto de la reintegración y el unánime anhelo de los compatriotas, el Presidente planteó dicho asunto como tarea suprema de la nación.
Por su iniciativa, fue convocada en abril de 1948 la conferencia conjunta de representantes de partidos políticos y organizaciones sociales de Corea del Norte y del Sur, una histórica cita nacional encaminada a salvar el destino del país, logrando la gran unidad nacional bajo la bandera de la reunificación y el patriotismo.
En la década de 1970, en que se agudizaba la crisis de la división como consecuencia de las maquinaciones de los elementos opuestos a la reunificación de dentro y fuera del país, el Presidente registró una hazaña excepcional al abrir la brecha para las negociaciones Norte-Sur, con el fin de aunar el país de manera independiente y pacífica y a través de la gran unidad nacional.
A partir de entonces fueron celebradas muchas conversaciones y negociaciones bilaterales y él dedicó ingentes esfuerzos para que las mismas adoptaran acuerdos que reflejaran la aspiración de la nación.
Con la publicación de numerosas obras, dirigió el dinámico desarrollo del movimiento de la reunificación del país a escala nacional y bajo la bandera de la independencia nacional. Y a través de enérgicas actividades exteriores, consolidó por todos los medios el apoyo y la solidaridad internacionales con la suprema causa del pueblo coreano. Gracias a ello, nuestra nación ha podido frustrar todas las aviesas maniobras de las fuerzas foráneas y sus acólitos, manteniéndose invariablemente en pie en la sagrada lucha por su unidad e integración independiente.
Otro de los méritos del Presidente es el haber presentado las Tres Cartas de la reunificación de la patria, seguros respaldos de esta causa de la misma nación.
Programas comunes de la nación, consisten fundamentalmente de los tres principios y el programa de diez puntos de la gran unidad pannacional para la reintegración de la patria, así como de la propuesta de la fundación de la República Confederal Democrática de Coryo.
Los tres principios de la independencia, reunificación pacífica y gran unidad nacional devienen un fundamento que aclara la posición y los principios básicos que tanto el Norte como el Sur deben mantener para la solución del asunto en cuestión, mientras que el programa de diez puntos es una carta política que esclarece de forma global el objetivo de la gran unidad nacional, la base de este ideal, así como los principios y las medidas de la unidad. En cuanto a la ya mencionada propuesta, se podría calificarla de un diseño de la creación de un Estado unificado que dilucida las medidas fundamentales que posibilitan lograr esta empresa de manera más justa y favorable, partiendo de la tolerancia mutua de las ideas y sistemas del Norte y el Sur.
Las Tres Cartas han servido de un acicate para la nación coreana en su bregar por aunar el país con el objetivo y el rumbo bien definidos y con gran ánimo y vigor.
También forma parte de las proezas del Presidente el haber aglutinado a toda la nación bajo la bandera de la gran unidad nacional y preparado así las propias fuerzas poderosas para la reintegración del país.
Planteó como principio de esa unidad obedecerlo todo a la causa de la reunificación, superando las diferencias de ideologías, ideales, criterios políticos y creencias religiosas. Con ilimitada magnanimidad y generosidad, condujo sin distinción por el camino de amor a la patria a todos aquellos que anhelan verla unida, y en los últimos momentos de su vida volvió a aclarar de forma lúcida los asuntos relacionados con la causa de la gran unidad nacional.
Cautivados por su sublime amor al país, a la nación y al pueblo, por sus nobles cualidades y rasgos humanos, los religiosos, empresarios, anticomunistas recalcitrantes y hasta los que tenían sus armas dirigidas hacia los compatriotas norteños, terminaron por sumarse a la sagrada causa de la reunificación nacional. Fueron convocados grandes festivales de la reunificación y conferencias pannacionales que agruparon a compatriotas residentes en distintas partes del planeta, constituida una alianza pannacional que representa la voluntad de la reintegración de todo el pueblo y robustecidas nuestras propias fuerzas patrióticas.
La causa de la reunificación, iniciada y llevada a cabo por el Presidente Kim Il Sung, se hereda brillantemente por el Dirigente Kim Jong Il.
Este formalizó las ya referidas Tres Cartas, iluminó el porvenir de la lucha para lograr tal causa, la de la gran unidad nacional, según el legado de su predecesor, e inició la era de la reunificación del 15 de Junio, cuyo ideal “Entre los compatriotas” se apoya en las históricas Declaración Conjunta de dicha fecha y la Declaración del 4 de octubre.
Por contar con él, las proezas registradas por el Presidente Kim Il Sung para la causa de la reunificación de Corea resplandecerán eternamente y el pueblo coreano acabará haciendo realidad su añorado sueño.




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